domingo, 22 de agosto de 2010

Sobre el día que iba pedo y terminé hablando de cosas tontas.

Hoy he redescubierto el amor. Bueno, primero pedir disculpas por haber desaparecido así, en combate y tal, pero agradecedme que esté aquí porque me está costando vida y media escribir sin saltarme una tilde y poniendo todas las letras en su correcto orden, jeeee, jejeje.

Pues eso, que hoy he redescubierto el amor. Mi primo y yo hemos subido a las fiestas de La Granja, un pueblo de aquí. He subido con mi primo porque he mandado a la mierda a mis "amigas" aunque ellas no lo sepan, pero ese es otro tema. Ejem. Y de repente he visto a Die. Ahí. A lo lejos. Monísimo. Súper sexy. Con camisa y vaqueros. Hablando y a su rollo. Y me he dicho: "joder, revivamos los arrebatos pasionales, como cuando llevábamos un mes y de repente nos veíamos pero no sabíamos si estábamos juntos o no".
He pasado por su lado como si no existiera. Y me ha parado.

- ¿te conozco?
- me parece que no tienes tan enorme placer.
- pues déjame besarte y el placer será tuyo.

Me ha dado  uno de los besos más maravillosos, pasionales y sexuales que me ha dado nunca, y de repente me he reenamorado.

La gente dice que el amor no existe de manera real y objetiva.

Yo estoy de acuerdo. Estar enamorado es un proceso químico que hace que idealices a la otra persona aún cuando te muestra sus errores y fallos de una manera totalmente perceptible (ole, qué bonito me ha quedao'). Por eso pienso que cuando realmente quieres a una persona, es cuando conoces su lado oscuro y su lado luminoso (bueno y malo para los menos metafóricos jejeje)  y decides que lo quieres así. Claro que cambiarías cosas (obviamente, soy de un quejica que da gustito y todo), pero prefieres estar con quien conociste, y no con quien creíste haber conocido. El caso es que yo ya no estoy enamorada. Y mi etapa de ninfomanía aguda se acabó, pero quiero seguir con Die, por mucho que me queje algunos días.

¿Ahora es cuando debería empezar a preocuparme? Ahora es cuando realmente le quiero.


PD/ Una duda un tanto urgente...cuando decides mandar a la mierda a alguien, es mejor decir las cosas (más que nada para desahogarse y tal) o simplemente apartarte de esa gente y punto? es que si me quedo con toda la mierda dentro no sé yo lo que puede pasar...quizá termine como los rinocerontes, esparciendo mi mierda entre los que menos se lo esperan y dando vueltecitas con la cola, aunque no tengo, que yo soy chica.

PD2/ perdonad por las letras cambiadas que pueda haber, ya cuando relea esto lo modifico. (guiño,. guiño)

jueves, 5 de agosto de 2010

Vacaciones finished... Ouch!

     Con un granizado de café bajando por mi garganta para helar mi cerebro y darle un poco de vidilla a los apuntes (que me tengo que espabilar si quiero comenzar a estudiar un poquillo), procedo a la ansiada descripción de mi viaje con Die que os prometí. Allá voy, pues.

     Podría hablaros de lo bonitas que son las reconciliaciones y demás, porque he tenido una pequeña crisis con Die que se ha arreglado a la perfección en la playita, aunque uno de los días me bajé sola a la playa, pero no quiero hablar de eso.

Quiero hablar de lo que mola beber mojitos.


Algo que también está chachi es beber cócteles (aunque te soplen nueve euros por cada uno porque estás en una zona chill-out con piscina que se ilumina y hay tumbonas blancas modo ibicenco, qué cool, oyefíjatetú).


Algo de lo que no hice fotos con las que deleitaros, o daros envidia, llámalo X (no me llevé la cámara, tenía unas altas probabilidades de muerte súbita si se me caía al mar) es del típico chiringuito de playa con sombrillas de paja que también abría por la noche, a 30 escasos metros del agua, con luces mínimas y en el que ponían unas caipirinhas de muerte. Pétalo, las caipirinhas fueron a tu salud, jeee, jejeje. Lo que pasó esa noche fue que el sonido de las olas es tan relajante que nos tuvimos que ir a casa. Y entre la relajación y las caipirinhas, Die no tuvo más remedio que darme lo mío.

También puedo hablaros de lo que nos gusta comer helado. y luego bajarlo haciendo algo de ejercicio, o sea darle a Die lo suyo. Podría poner una copa preciosa y magnífica y maravillosa que hizo que mis michelines aumentaran, pero prefiero dar fé de cómo Die no tiene ni idea de comérselas sin destrozarlas antes. Qué maligna me siento.

Ni dos cucharadas habíamos dado antes de que se derrumbara porque Die quería la bola de abajo.

Hice amistades. Muchas. Sobre todo con mis amigos los mosquitos, les caí bien y mis tobillos les parecieron tan apetitosos que no tuvieron más remedio que absorber mi jugosa sangre. Ummmmm.... ¬¬

Sí, soy blanquita. Y se me ponen las picaduras algo raras. Pero es que yo también soy rara.

También me divertí mucho saliendo con Die de fiesta, él y yo solos, cosa que no hacemos muy a menudo. Vamos, que sólo lo hemos hecho dos veces o tres antes de estos días. Hubo un día que nos encontramos este espectáculo en el australiano del que os hablé en S. Santa:

En el medio podemos observar a una guiri perreando en un escenario, rodeada de otras guiris esperando su turno. Era un concurso muy divertido. Sobre todo si tenemos en cuenta que ninguna tenía ritmo y todas se dedicaban a mover las caderas de una manera espasmódica poniendo cara de cachondas. Una se quedó en tanga y tetas. Los españolitos del lugar se lo pasan pipa, como saben lo que hay, ahí estaban coreando: ¡¡¡BUKAKE, BUKAKE!!!

¿Que si no he tenido momentos que no hayan sido captados por las cámaras? Claro, claro, los paparazzis me han dejado momentos de soledad, por muy solicitada que esté mi imagen en las revistas del corazón (en realidad soy Ana Obregón). Puedo deciros que ni siquiera llego al nivel torpe jugando a las paletas, que en la típica discoteca que tiene barandillas arriba hubo un momento que pensé que me estaban meando (luego descubrí que era cerveza, pero el susto no te lo quita nadie), que Die y yo tenemos telepatía soñando y en medio de una pesadilla él tiró de la sábana -estaba soñando que abría una bolsa de hielos- a lo que yo respondí con un grito de infarto que despertó a medio vecindario, que nos colamos en la piscina de la comunidad a unas horas indecentes y terminamos haciendo cosas indecentes, que Die vomitó en el mar porque casi lo ahogo (una ola vino a matarme y no me quedó más remedio que agarrarme a él hasta revolcarlo por la ola, se llama solidaridad) y que he aprendido a regatear precios como toda una experta (bajé un precio de 25 euros hasta 10, toma ya!!).

Ha sido un viaje perfecto. Nada más que alegar. La putada es que ahora me toca un mesecito duro de estudio, pero mirarme al espejo y verme morenita al menos me consuela.