Dentro de unas catorce horas va a hacer 21 años que nací. Los cumpleaños son algo bastante especial para mí. Estoy segura de que la gente con la que comparto ciudad ni me va a llamar. Diego está jugando al póker o sea que probablemente a las doce en punto (esas cosas me hacen ilusión, oye) estará echando un all in y ni se enterará de que yo estoy mirando el teléfono para averiguar a quién le importo de verdad. Le tuve que dar la idea de lo que quería, la imaginación no es su fuerte. Mi madre no para de decir que hace años estaba muy cansada en el sofá y no hacía más que dormir hasta que yo llegué a dar la vara. Mi hermano mañana no estará en la comida familiar porque ha elegido justo esta fecha para hacerse pareja de hecho con su novia, sin enterarse de qué día era.
Mis padres han decidido no regalarme nada porque me voy de viaje con Diego y piensan que ese dinero ya es suficiente regalo. Como si un detallito de nada costara demasiado dinero. Yo sólo pedía la tarta que mi madre siempre hace cuando es el cumpleaños de mi hermano, y que para el mío nunca encuentra tiempo.
A veces me siento gilipollas por poner ilusión en cosas que la gente ni ve.
Feliz veintiún cumpleaños. Espero compartirlo con vosotros el año que viene.

